¿Ahora?
¿Después de TANTO?
Por mucho que quisiera borrar ciertas cosas de mi cabeza, sabía que ibas a estar siempre ahí, más o menos intensamente, pero ahí. Aún así, contaba con que no volvieras a aparecer, con que no pudieras salir del foso en el que te encerré.
Pero no, tú nunca te quedarás ahí. Ya encontrarás la manera para salir y recordarme que ahí estás, que mi talón de Aquiles, mi punto débil, tú, nunca desaparecerá.
Que alguien me explique de dónde viene esa facilidad para llegar a mi mente, esa con la que te cuelas en los entresijos de mi ser, para agarrarte fuerte y de donde es tan difícil sacarte.
Una vez lo conseguí. Te dejé fuera con un cartel en el que ponía claramente que tenías prohibido volver a entrar. Una vez fuera, no había marcha atrás. Aun así, ahí estás, arreglándotelas como siempre para colarte.
Y ahora, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Dejar que llames a la puerta? ¿Escuchar lo que me quieres decir? ¿O directamente insonorizar la sala?
Es increíble el poder que tienes para tirar mi muro abajo. Haces tanto en tan poco...
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