No sé qué hacer. Tampoco sé qué pensar. Hace menos de 20 segundos llevaba otros tantos mirando una foto tuya. Por una milésima de segundo ha pasado el pensamiento por mi mente de: ¿Y si ya no es lo mismo? ¿Y si ya no me merece la pena estar así por tí?
Pero luego me he dado cuenta de que eso ya lo he pensado antes. En realidad yo misma me había forzado a pensarlo, y no funcionó. Seguro que esta vez tampoco.
Aquí estoy, torturada desde hace exactamente 7 días y 3 horas, reflexionando, buscándole los tres pies al gato de la situación. A veces me eres tan simple, eres tan fácil de prevenir, de interpretar... Y otras muchas veces sucede totalmente lo contrario.
Ahora mismo me encantaría saber qué piensas, el por qué de lo que hiciste y las intenciones con las que lo hiciste. Me sería todo muchísimo más fácil, aunque ya sé que no sabría exáctamente cómo reaccionar ante una posición u otra. Siempre se dice que cuando alguien es correspondido, el sentimiento interno es parecido al de una explosión. Lo sé, y lo he sentido. Lo único que me cuesta asimilar es si sería una explosión de felicidad o una explosión de confusión o duda, porque sé que el tiempo puede haber hecho mella en mí sin haberme dado apenas cuenta.
No sé si quiero alimentarme eternamente de tu recuerdo. Llevo ya casi un año haciéndolo, a veces más y a veces menos, pero es obvio que no has desaparecido nunca, pero porque también estabas tú para meter el dedo en la yaga. Sé que no te das cuenta, que no lo hiciste a propósito, pero ver que no puedes tener lo que más quieres duele. Y espero sinceramente que te esté pasando lo mismo a tí.
Ojalá vieras lo que es sufrir a un perro del hortelano, el quiero y no puedo, el ni contigo ni sin tí, el qué pensará, el qué sentirá realmente, la intención con la que dice las cosas...
Se nota que me pierdes, me pierdes mucho. Y ahora me gustaría que estuviéramos los dos perdidos, juntos.
Sin distancias, sin más pasos que dar. Sólo juntos.
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