Ya está. Ya he tocado fondo. Ya vuelven mis cabreos repentinos y asquerosos. Me desquicio, me desquicio. Sé que no debería, que estoy echando por la borda todo lo que llevo conseguido, pero no puedo más.
Siento que me estoy encerrando, me vuelvo a meter en el zulo del que me costó tanto salir.
Me está comiendo el ansia. Me está comiendo el ansia de él, y puedo sentirlo desde las puntas de los dedos de los pies hasta las puntas de mi pelo. Y debería ser al revés, joder. Debería estar él como un perro detrás de mí, pero no parece que sea así.
Ya me canso, no pienso hacer nada, que pase el tiempo -que como ya tengo comprobado-, pone a todo el mundo en su lugar. No quiero, joder, no quiero volver a estar igual, no quiero volver a depender de nadie, no quiero volver a depender de miradas constantes hacia un estado Online o de leer y releer mensajes hasta la saciedad.
Eso debería haber pasado a la historia. Él debería haber pasado a la historia. Y yo no debería estar así; ansiosa, mordiéndome las uñas, desquiciada por no tener un contacto. No puede ser así, he madurado, sé que he madurado y esto no debería estar pasando. Soy yo la que debería llevar el control de todo, la que debería decidir cómo se hacen las cosas y en qué momento, y sobre todo la que debería hacer que él estuviera ansioso por lo mismo, no viceversa.
Comienzo a pensar que esto es una especie de espiral descendente de la que no sé si podré salir algún día de estos. No quiero volver a tener esa sensación de estar dando todo para nada, eso debería hacerlo él ahora. Es a él al que le toca sufrir. Es a él al que le toca esperar. Es a él al que le toca currar. Es a él al que le toca ponerse ansioso.
Esto es horrible.
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